Vivíamos en un
pueblecito cerca de Texas. Cada día antes de amanecer yo y mis hermanos íbamos
con velas y lámparas de queroseno, casa por casa, despertando a los amigos para
poder ir al lado del río y jugar mientras so salía el sol y la calor no se
apoderaba de nosotros. Cuando ya estábamos todos, más o menos unos 15 niños del
pueblecito íbamos camino al río. Una vez al lado del río jugábamos al
escondite, al pilla-pilla, a mirar el cielo y las estrellas. Cuando el sol ya
empezaba a quemar, nos tirábamos todos al río. Nos divertíamos mucho juntos.
Luego más o menos a las 10 de la mañana íbamos a nuestras casas para ayudar a
nuestras familias en el campo, en el corral…
A mí, personalmente, me encantaba estar en el corral con las gallinas,
los conejos, las cabras… Por la tarde, con mis hermanos, íbamos al campo a
observar insectos, me atraían mucho las insectos, sobretodo sus colores. Cuando
era pequeña mi abuela me hablaba de ellos y las cosas maravillosas que pueden
independientemente de su tamaño. Como hacía tanto calor en el pueblo en el que
vivíamos, la mitad de la población no quería moverse de su cama, no quería
salir de la casa, pero debían hacerlo para poder sobrevivir, para tener comida
y animales para poder vender. Por la noche iba pronto a mi habitación, mis
padres pensaban que iba a dormir, pero en realidad iba a escribir lo que había
hecho durante el día en mi diario.
Ahora tengo 90
años, tengo una familia maravillosa; 2 hijos y 6 nietos. Vivo con mi hija y
cada noche leo un día del diario a mis nietos. Ellos se sorprenden porque ahora
los tiempos han cambiado, el estilo de vida. Les gusta mucho oír las historias
y después se quedan bien dormiditos. Cuando leo los diarios que iba escribiendo
recuerdo cada momento de esas aventuras. Mi vida ha sido maravillosa.
> En 2015 publiqué la segunda
parte llamada El curioso mundo de
Calpurnia Tate. Este segundo libro es la continuación de La evolución de Calpurnia Tate. Ambos
libros fueron publicados en España por Roca Editorial.
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