Hace diez años Calpurnia solo tenía un año y
medio, era un bebé. Su madre ya tenía ganas de que tuviera 5 años para poder
apuntarla a clases de piano y de costura. Calpurnia era una niña que reía
mucho. Aún solo tenía como hermanos a Harry, Sam Houston y Lamar. A todos ellos
les hacía mucha ilusión tener una hermanita con la que poder jugar. Calpurnia
era feliz, le gustaba estar en familia y que le contaran muchas historias sobre
animalitos, la naturaleza… Su madre, sin embargo, sólo le contaba lo divertido
que era tener una familia, poder cocinar, poder coser y tejer, básicamente
cosas de la casa. El abuelito era un señor solitario, todo el día estaba en el
laboratorio, le gustaba la ciencia, sólo entraba en casa para comer y dormir.
Tenía un cariño especial por uno de sus nietos, era
Calpurnia, con esa niña sentía una atracción que no sentía por los otros niños.
A veces, a escondidas, se acercaba a ella y le explicaba cosas sobre los
animalitos. Su madre no lo podía saber porque no le gustaba la ciencia. Siempre
que estaba con él era como si fuera más feliz. Desde aquel momento, Calpurnia
empezó a interesarse por la ciencia, pero inconscientemente. Calpurnia le
gustaba mucho salir al jardín y poder gatear o pasearse por la hierba
observando insectos. Por la noche le gustaba que, antes de ir a dormir, le
explicasen un cuento. A medida que iba creciendo le gustaba más la naturaleza,
hasta ahora que quiere ser científica.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada